INGRESOS Y TIEMPO

“En los hogares pobres de ingreso, 16 por ciento de las mujeres no ocupadas son pobres de tiempo: ellas tienen unas cargas de cuidado tan elevadas –ya sea por la presencia de dependientes o por la inequidad en la distribución por género de estas cargas al interior del hogar– que presentan déficits de tiempo aun sin dedicarse, también, al trabajo remunerado. En el caso de estas mujeres, el exceso de trabajo no remunerado, la falta de ocupación y la pobreza de ingresos se combinan para ponerlas en una situación especialmente vulnerable.” 
 
Por Sonia Santoro
Así lo plantea la investigación La Pobreza de Ingreso y Tiempo en Buenos Aires, Argentina. Un ejercicio de medición de la pobreza para el diseño de políticas públicas, desarrollada por Valeria Esquivel para el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y presentada en junio de este año.
 
El trabajo señala que es insuficiente para medir la pobreza considerar el acceso o no al empleo. Por eso propone incorporar la medida de Pobreza de Ingreso y Tiempo (Limtip, por su sigla en inglés) como alternativa a la medición estándar de la pobreza. “Esta medida bidimensional responde a la necesidad de integrar la dimensión de tiempo en la medición oficial de la pobreza, en cuanto variable clave para una clasificación más precisa de la pobreza de los hogares y las personas y orientadora de políticas integrales de reducción de la pobreza. A través de esta medida, se reconoce que el bienestar económico de los hogares y las personas no sólo depende del trabajo remunerado, sino también del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, realizado mayoritariamente por las mujeres”, explica la autora.
 
Esquivel tomó la Encuesta de Uso de Tiempo (EUT) de la ciudad de Buenos Aires del 2005, ya que no había otras investigaciones de este tipo al momento de realizar el análisis. Ese año, en la Ciudad, el 6,2 por ciento de los hogares y el 8,8 de las personas eran pobres. “Sin embargo, la incorporación de los déficits de tiempo a la medición de la pobreza muestra que su efecto es sustancial: los hogares pobres prácticamente duplican su proporción, llegando al 11,1 por ciento, y las personas pobres alcanzan al 15,9 por ciento de la población. La incidencia de la pobreza por ingresos Limtip es aún más alta entre los niños, niñas y adolescentes, donde alcanza al 27,8 por ciento, cuando en términos oficiales sólo lo eran el 15,6 por ciento.”
 
Además observa que cuando hay niños, niñas o adolescentes en las casas, la pobreza aumenta: “Trepa al 22,6 por ciento, es decir, afecta a más de un quinto de los hogares con niños, niñas y adolescentes. La situación es particularmente acuciante para los hogares monoparentales con jefa mujer y presencia de menores, ya que son pobres el 27 por ciento de ellos”.