Para que lleguen todas

Quiero suponer que con la ley nacional de paridad se acabaron los tiempos de las acusaciones de ser esposas de, se terminaron las exigencias unilaterales de méritos, las negaciones de la desigualdad estructural entre los géneros, las mujeres políticas bajadas a codazos de fotos, listas y cargos.

Por Sonia Santoro

Quiero tener esperanzas y pensar que lo que se abre es un mundo nuevo, con más espacio para que las mujeres decidan y nos representen en los lugares donde se definen nuestros destinos personales y nacionales.

Espero, también, que no seamos inocentes. Las estrategias para decidir en espacios masculinos; las presiones para ocuparse como mujeres de ciertos temas “femeninos” y no de otros; la obligación de fidelidad casi conyugal al partido o al líder, las exigencias de estar las 24 hs presentes para no ser corridas; la necesidad de formar parte de “la familia política”, de tener un padrino; los hechos políticos gestados entre gallos y medianoches, en asados, saunas y otros ámbitos poco institucionales; todo eso seguirá existiendo y a ello habrá que enfrentarse.

Estoy convencida de que ahora la ley está del lado de la igualdad. Es clara y define territorios, pone límites que abren otros caminos.

Me pregunto qué pasará con aquella noción feminista de que “cuando una mujer llega, llegamos todas”. El vértigo, la incertidumbre feliz, es pensar en cómo será el nuevo escenario político a partir de 2019, cuando lleguen todas las que tengan que llegar.

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