“Nadie nos enseña a cuidarnos”

Las mujeres que denunciaron al ex docente de la UBA advierten que hay otras víctimas
PáginaI12 reveló el domingo pasado que ex alumnas de un centro cultural de la facultad de Económicas denunciaron que fueron llevadas a una secta y abusadas por un profesor. Ahora, otras dos chicas ya se acercaron a ellas. La vivencia después de la acusación pública.
Por Sonia Santoro Imagen: Guadalupe Lombardo


Ellas, las siete, están agotadas y eufóricas. Así las tiene contar su verdad. Luego de que este diario revelara el domingo pasado la denuncia de siete ex alumnas contra un supuesto profesor de teatro, Leonardo Bugliani, no pararon de dar notas. Estaban preparadas para eso porque no querían que lo que a ellas les pasó volviera a suceder, ni a ellas ni a ninguna. “Es importante que personas que en algún momento hayan sido víctimas de abuso o manipulación por esta persona que se acerquen a hablar, cierren su historia”, dijeron a este diario y confirmaron que dos chicas que habrían participado del grupo de Bugliani se comunicaron con ellas a raíz de la nota.

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“Nadie nos enseña a cuidarnos, a no entrar en una secta, a evitar que una persona nos manipule”, comentaron a este diario telefónicamente, luego de un raid de notas que dieron durante todo el día de ayer.

La historia, que publicó PáginaI12 el domingo, es que Leonardo Bugliani, un profesor que daba un taller en el Centro Cultural Sabato de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, fue denunciado penalmente por supuesto abuso sexual a siete ex alumnas. Bugliani, según la acusación, habría captado a las chicas a través de un espacio llamado Ágora Teatral que funcionaba en ese Centro, para luego llevarlas a su casa, donde habría cometido los abusos. Algunas eran menores de edad al momento de comenzar el taller, que se presentaba como espacio de teatro y –según la denuncia– terminaba en orgías y abusos sexuales de este supuesto profesor, producidas después de un largo proceso de manipulación y sometimiento. Ellas tenían 17 años, estaban en quinto año cuando lo conocieron, él 44. Era “violada todas las semanas porque había una cuestión espiritual de por medio”, relató una de ellas, luego de un largo proceso individual y grupal en el que pudo tomar conciencia de lo que les había pasado. “De repente todo era sexo. Llanto. No entender nada. Volver a mi casa y tener un bloqueo mental. No pensar. El cada vez pedía más y yo estaba superdeprimida…”, contó otra. Las denuncias están en etapa de investigación, pero el juez a cargo ya libró la orden de impedimento de contacto de Bugliani hacia las chicas y su casa fue allanada.

Luego del artículo, al menos dos chicas más que habrían participado del espacio dirigido por Bugliani en 2008 y 2009, se pusieron en contacto con las denunciantes. “Se acercaron a solidarizarse con nosotras y aportar sus testimonios. Haber visto que estábamos haciendo esto les permitió entender muchas cosas. Es algo que no es nuevo. No sé cuántas personas deben haber pasado por la manipulación que ejerció él. Es un recorrido muy largo, de muchos años”, contó M.

Por otro lado, el diputado porteño Marcelo Guouman, de quien Bugliani era asesor, aclaró a este diario que el año pasado, cuando autoridades del Centro Cultural Sabato le informaron que Bugliani había sido despedido, también lo echó (ver aparte).

Las chicas se mostraron sorprendidas de manera positiva de la reacción de los medios, que las trataron con respeto, dijeron. “Nos sentimos abrazadas por todas las personas, desde los medios hasta instituciones”, dijo J. Aunque aclaró que no se comunicaron desde el Centro Cultural Sabato con ellas.

En cuanto a sus círculos más cercanos, J. dijo que “las familias están acompañando un montón”. Contó además que haber sacado esta historia a la luz “a mí me sirvió un montón para no tener que contar un relato tan denso y complejo… todo, a cada persona que quería contarlo. Me hizo sentir menos presionada. Ayudó a todo el proceso. Inclusive a que las familias y los amigos se enteraran”.

“Todavía hay adolescentes y jóvenes que son sometidas, humilladas. Ellas han podido deconstruir, revisar esas prácticas, verlas como una práctica de violencia y de vejación hacia su subjetividad y hacia sus cuerpos y por eso la denuncia”, dijo María Elena Naddeo, directora del Centro de Atención de Niñez, Adolescencia y Género de la Defensoría del Pueblo, que recibió y asesoró a las chicas desde el primer momento.

Mariela Labozetta, titular de la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM), donde tomaron las denuncias a las chicas, también habló de la importancia de “deconstruir la violencia y transformarla”. “Hay dos caminos: acceder a la denuncia y transformarla en una bandera de género. Y salir a además a transformar a otros, utilizarse como herramienta para cambiar a otros. Y los medios me parece que están cambiando. Que se pueda poner en palabras que se trata de violencia de género ayuda a iluminar mecanismos que antes no se concebían como violencia de género”. dijo.

Ambas hablaron de la importancia de la existencia de organismos expertos en género, abiertos en su escucha, que puedan hacer visibles los mecanismos sutiles de las distintas formas de violencia. “Es importante el organismo especializado; que las mujeres puedan hacer la denuncia y sean atendidas por profesionales especializados, en lugares cuidados. Porque no todas las mujeres vienen clarificadas a denunciar. Si el lugar es expulsivo y no entienden de qué se trata puede ser contraproducente. Es importante que cuando una mujer logra tomar la decisión de llegar a un lugar, pueda encontrar un terreno fértil, donde le reciban correctamente la denuncia”, dijo Labozetta. Para Naddeo, “las situaciones de violencia de género son particularmente complejas y pueden presentar múltiples circunstancias. En este caso de la denuncia formulada por las chicas, vemos una fuerte impronta de violencia psicológica, hay un claro componente de manipulación, opresión de género en la figura de este docente que logró impactar la conducta de las chicas durante largos meses”.

Ahora, los días después, las chicas pasan por un estado de agotamiento positivo, por ver que las cosas van poniéndose en su lugar. Nombrar, contar, escuchar, creer, son los verbos que envuelven su historia y fortalecen el camino de la reparación.

Fuente: Página/12

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