26 Mayo 2012

ADOPCION: LOS CAMBIOS PENDIENTES

En Artículos de la Autora

EL DEBATE SOBRE EL PROYECTO DE REFORMA DEL CODIGO CIVIL


El anteproyecto de reforma del Código Civil enviado al Congreso propone agilizar los trámites para adoptar. Cómo es el nuevo sistema y la discusión sobre sus alcances. La prohibición de las “entregas directas”.
Algunas ideas sobre la adopción: se dice que habría gran cantidad de niños y niñas listos para ser adoptados, pero que por burocracia esto no se logra; se pretende justificar la adopción ilegal en función de las dificultades que se ponen a quienes quieren adoptar; se establece una especie de ranking entre padres “buenos” que quieren “salvar” a niños o niñas de una familia de origen “mala”. Estas ideas se sustentan en algunos conflictos que subsisten hoy en torno de la adopción, de los cuales el anteproyecto de reforma del Código Civil intenta dar solución, sin lograr eludir algunas críticas.
En torno de la adopción hay una serie de mitos que se instalaron como verdades absolutas y no permiten ver su complejidad. La jurista Aída Kemelmajer de Carlucci, miembro de la comisión de notables encargada de realizar las reformas del Código Civil encomendadas por el Poder Ejecutivo Nacional, explicó que con el anteproyecto se trató de resolver los problemas existentes “vinculados normalmente con los tiempos de la adopción y el tráfico, a través de las ‘entregas directas’”.
“El problema del tiempo ha intentado solucionarse fijando plazos dentro de los cuales, si el organismo administrativo no ha logrado que el niño quede protegido en su familia de origen, entonces lo comunica al juez y se declara al niño en condición de adoptabilidad; de allí en más, el trámite es muy sencillo y no debería demorar”, dijo.
Este es tal vez uno de los puntos más importantes de la propuesta de reforma, ya que va en consonancia con los reclamos acerca de lo lerdo y trabajoso que llega a ser adoptar a un niño o niña hoy en Argentina. Entonces, se propone acelerar los plazos para que los chicos pasen a “estado de adoptabilidad” con diversos mecanismos. Así, agiliza los trámites que habilitan la custodia legal, sin disminuir por ello las condiciones que se deben cumplir por quienes quieran adoptar.
Las nuevas medidas establecerían distintos plazos para llegar a ese estado: 30 días (prorrogables por otros 30) si no hay filiación establecida o los padres han fallecido y no se pudo dar con la familia de origen; 90 días cuando los padres decidieron que su hijo sea adoptado y se agotaron las “medidas tendientes a que el niño, niña o adolescente permanezca en su familia de origen o ampliada”; y 180 días si “se comprueba que las medidas excepcionales tendientes a que el niño, niña o adolescente permanezca en su familia de origen o ampliada no han dado resultado”.
Según María Elena Naddeo, presidenta de la Comisión Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud de la Legislatura porteña, se busca “evitar la cronicidad de niños, niñas y adolescentes en los hogares convivenciales o lugares de abrigo, cuando están separados de su grupo familiar”. En la actualidad, “el organismo administrativo adopta una medida excepcional por un máximo de 90 días, con posibilidades de prórrogas, a fin de lograr la recuperación de los vínculos con la familia de origen cuando no hubiere situación de abuso o maltrato comprobado”, explicó.
¿Cuál es el tiempo en que una madre o una abuela biológica u otros familiares directos pueden necesitar para recuperar su posibilidad de crianza? La reforma establece un máximo de 180 días. “Sinceramente, es difícil medir el tiempo de manera tan estrecha; si bien en la vida de un niño de corta edad, los meses se traducen en años, debería quedar claramente establecido otro criterio de la Convención (de los Derechos del Niño): ‘No se podrá declarar el estado de adoptabilidad cuando la imposibilidad de los padres biológicos se funde en derechos sociales y económicos vulnerados’. En este caso es la propia Justicia la que debe exigir al Estado y dotar de recursos fundamentales al grupo familiar para poder dar una respuesta integral a sus hijos”, planteó la diputada y ex presidenta del Consejo de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes de la Ciudad. “En caso de violencia, abuso sexual o cualquiera de las múltiples formas de violencia que sufren los niños y niñas, es correctísimo abreviar los plazos para resolver el derecho de los niños a la convivencia familiar, en una nueva familia que respete sus derechos y efectivamente los proteja. Para evitar la cronificación en los hogares convivenciales y sustitutos, hay que diferenciar claramente las situaciones de pobreza de las situaciones de violencia”, agregó.
Por otro lado, en referencia a las “entregas directas” –según Kemelmajer, el segundo problema por resolver–, la jurista explicó que, actualmente, “hace que la gente que está inscripta en el registro deba esperar años porque los niños se entregan fuera del sistema. Ganan los que actúan ilícitamente. Para que eso no suceda, el artículo proyectado dice que ‘queda prohibida expresamente la entrega directa en guarda de niños, niñas y adolescentes mediante escritura pública o acto administrativo, así como la entrega directa en guarda otorgada por cualquiera de los progenitores u otros familiares del niño’”.
 
Clases de adopción
 
El anteproyecto habla de tres clases de adopción (plena, simple y de integración), que existen hoy en el derecho argentino. Según Kemelmajer, las principales reformas en este aspecto son:
1. Se sistematiza la adopción de integración (o sea, la adopción del hijo del cónyuge o del conviviente); hasta ahora, las normas están en diversos artículos, todos separados, difíciles de reunir. “No-
sotros las hemos unido en un solo texto, que explica cuáles son los requisitos, la posibilidad de revocación, etc”, consideró.
2. Hoy, la adopción plena ubica al niño adoptado en la familia del adoptante, pero rompe todos los vínculos con la familia de origen; a su vez, la adopción simple genera vínculos sólo entre adoptante y adoptado, pero no con la familia del adoptante. O sea, ese niño, en la adopción simple, no es primo del hijo del hermano, ni sobrino del hermano, etc., parentesco que sí tiene en la adopción plena.
“Hemos diseñado un régimen más flexible; o sea, adopción simple y plena siguen siendo lo que son, pero el juez tiene facultades para dejar subsistentes algunos vínculos con la familia de origen en la plena y para generar vínculos con otras personas de la familia del adoptante en la simple –explicó–, si todo esto está de acuerdo con el interés superior del niño. Además, se permite que una adopción que se concedió como simple, se convierta después en plena.”
Para la antropóloga feminista Mónica Tarducci, autora del libro La adopción. Una aproximación desde la Antropología del Parentesco (Librería de las Mujeres Editora), el anteproyecto podría avanzar más en ese aspecto. “Hubo muchos proyectos interesantísimos y debates entre legisladores y especialistas de distintas disciplinas que diseñaron figuras legales con distintos nombres, como por ejemplo ‘adopción mixta’, que permitirían a los niños, niñas y adolescentes en este tipo de situaciones formar parte de una familia adoptiva o como queramos nombrarla, y al mismo conservar a su familia de origen. Las figuras planteadas actualmente, adopción plena y adopción simple, tienen ambas muchas limitaciones, y nuevamente recortan el universo de lo pensable. El anteproyecto deja algunas puertas abiertas en el sentido de hacer estas figuras más flexibles, pero aún hay mucho por recorrer.”
Naddeo, sin embargo, rescata lo “transformador” de las propuestas: “Es un gran avance posibilitar y priorizar el establecimiento de vínculos jurídicos entre hermanos adoptados por distintas familias, tema que ha generado tristísimos conflictos, a veces superados por una adecuada intervención judicial y familiar, pero muchas otras sin resolución positiva. En este tema y en el capítulo referido a adopción simple, hay una línea que valora y fomenta un cambio cultural destinado a propiciar el acercamiento de las familias adoptantes con los familiares biológicos que no sean capaces de hacerse cargo de la crianza, pero que sí puedan mantener lazos de comunicación con los niños adoptados”.

La familia ampliada

El artículo 599 fue muy bien recibido por las especialistas consultadas, ya que amplía las posibilidades de entrar en la categoría de adoptante. Ya no sólo una pareja heterosexual puede adoptar, lo puede hacer “una pareja de convivientes” o “una persona sola”, sin distinción de orientación sexual. De todos modos, Mónica Tarducci y Mariela Pena, doctoranda de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), advirtieron que “para las familias de origen de los niños que son dados en adopción el anteproyecto sigue siendo excluyente” (ver aparte).
Por otro lado, toda la reforma del Código ratifica el derecho de los niños a ser oídos, según la edad y la madurez, y a que pueden dar su consentimiento para la adopción a partir de los 10 años. Se trata de una normativa celebrada también por las expertas, ya que, como expresó Naddeo, “si bien la Justicia venía incorporando en alguna medida el criterio constitucional de la escucha a los propios niños y adolescentes, queda claro en el nuevo texto su obligatoriedad a partir de esta edad”.

Derecho a la identidad

Uno de los puntos más relevantes del capítulo adopción en el anteproyecto de reforma del Código Civil es que expresamente se establece la protección al derecho a la identidad. El artículo 596, que habla del “derecho a conocer los orígenes” y dice que “el adoptado con edad y grado de madurez suficiente tiene derecho a acceder al expediente judicial en el que se tramitó su adopción y demás información que conste en registros judiciales o administrativos”, ya se ganó el reconocimiento de especialistas en la materia.
“El derecho a la identidad es un bien preciado de la cultura democrática. Las Abuelas de Plaza de Mayo han sido formalmente custodias y co-redactoras del artículo específico en la Convención Internacional de los Derechos del Niño. En nuestra legislación ya estaba incorporado el derecho de los adoptados a conocer sus orígenes, lo que cambia es la edad. Ahora se admite ‘edad y grado de madurez suficiente’, en vez de los 18 años como mínimo. Se trata de ampliar la normativa y la práctica para que los chicos puedan conocer su historia de vida. Tienen derecho a la verdad. Desde pequeños, si la familia adoptante trabaja su vínculo amoroso y parental en base a la verdad, no hay temor posible; no hay descubrimiento judicial ni expediente sobre la Tierra que pueda borrar o vulnerar el lazo afectivo que se entabla entre adoptantes y adoptados”, dijo la diputada del Frente Progresista y Popular María Elena Naddeo.
No todas las adopciones extinguen necesariamente los vínculos jurídicos con la familia de origen. De acuerdo con el criterio del juez, “cuando sea más conveniente para el niño, niña o adolescente, a pedido de parte y por motivos fundados”, se puede mantener “el vínculo jurídico con uno o varios parientes de origen en la adopción plena y crear vínculo jurídico con uno o varios parientes de la familia del adoptante en la adopción simple”.
Probablemente habrá gente que tema adoptar por tener que mantener el vínculo con los padres biológicos, pero eso no es lo importante para las expertas: “No hay que tener temor, por el contrario, hay que avanzar con toda la realidad de la historia de los niños y niñas, ayudados si fuera necesario por los equipos especializados. Hasta esto último está incluido en el texto de la reforma: ‘Brindar asesoramiento a los adoptantes’”, dijo Naddeo. Además, el anteproyecto deja bien claro que lo que prevalece es el interés superior del niño, cuando define el objeto de la adopción como el de “proteger el derecho de niños, niñas y adolescentes a vivir y desarrollarse en una familia que les procure los cuidados tendientes a satisfacer sus necesidades afectivas y materiales, cuando éstos no le pueden ser proporcionados por su familia de origen”.
 
 
 

Puntos en debate

Mónica Tarducci, docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad de San Martín, y Mariela Pena, doctoranda de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y becaria del Conicet, vienen estudiando las adopciones desde hace años. En esta entrevista hacen un análisis crítico de la situación actual en el país y del capítulo dedicado a esta temática en el anteproyecto de reforma del Código Civil.
–¿Qué avances encuentran en el capítulo adopción?
–Tiene muchos puntos fuertes, como el respeto por el derecho a la identidad. La reglamentación del derecho a conocer los orígenes, que permite al adoptado acceder a su expediente judicial de la adopción, impide la continuación de prácticas ilegítimas como la sustitución de identidad, que fue algo muy comúnmente practicado en nuestro país. Se ha avanzado también en el sentido de la obligación de los jueces de escuchar al niño/a y de que éste forme parte del juicio de adopción. Y finalmente, hay una marcada amplitud en el marco de las posibilidades de conformación familiar desde el punto de vista de la familia adoptiva, que ya no tiene al matrimonio heterosexual como único referente. Cuando hablamos de adopción en general la pensamos desde el punto de vista de la familia adoptiva, y por lo tanto las facilidades para adoptar son recibidas con alegría. Pero lo que difícilmente se toma en cuenta es que a los niños/as y adolescentes que son dados en adopción no los trajo la cigüeña, si han pasado por instancias judiciales muy probablemente hay otras personas, mujeres, a veces familias, para las cuales la adopción es una ruptura no deseada y definitiva.
–¿Cómo ve a esas familias el anteproyecto?
–Para las familias de origen de los niños que son dados en adopción, el anteproyecto sigue siendo excluyente, de forma desconcertante en un proceso de democratización como el que estamos viviendo. A diferencia de muchas mujeres que deciden dar a sus hijos en adopción, la mayoría de los casos que se judicializan dan cuenta de situaciones complejísimas en las que se encuentran las mujeres que son madres de estos niños, llamadas a veces peyorativamente “progenitoras”. Ellas se encuentran muchas veces en situación de calle o desamparadas debido a un conjunto de factores como violencia sexual, problemas de salud y pobreza extrema. En el anteproyecto, estas mujeres y sus familias, a las cuales se les quita a los niños definitivamente, no son parte del juicio de adopción. Es un punto muy problemático.
–¿Cuáles son a grandes rasgos los principales conflictos hoy en torno de la adopción?
–Uno de los principales conflictos tiene que ver con que la mayoría de los niños que están en instituciones y son o pueden ser dados en adopción no están literalmente “abandonados”. Existe la idea de que habría una especie de “banco de niños” en espera y que las demoras se deben a cuestiones burocráticas, pero de nuestro trabajo de campo y entrevistas a funcionarios administrativos, judiciales y a los llamados “equipos técnicos” de profesionales que trabajan en estos casos desprendemos que la mayoría de los niños, niñas y adolescentes institucionalizados tiene algún familiar que no quiere darlos en adopción. El “abandono” es una declaración judicial, debido a que se considera que sus familiares o referentes afectivos (que casi siempre se hallan en condiciones ligados a la exclusión social) no pueden brindarles un cuidado cotidiano digamos “adecuado”. Esto también es conocido, pero quienes quieren acelerar los plazos argumentan que este tipo de “vínculos” no son suficientes para su bienestar. Estamos de acuerdo, pero la ausencia de alternativas para la crianza no es “culpa” de estas familias (muchas veces mujeres solas) sino de las posibilidades que les brindamos como sociedad.
–¿Cuál es el principal obstáculo para vencer esto?
–El principal obstáculo tiene que ver con la forma rígida en que se suele concebir la familia. Y en ese marco de lo pensable, hay una familia formada a partir de la unión heterosexual y su descendencia, una cuestión que el feminismo y la antropología vienen discutiendo hace décadas. Entonces, cuando pensamos la adopción la pensamos como la introducción de un niño en una familia nueva, con la intención de “imitar” a esta familia que consideramos “natural”, aunque claramente no lo sea. De hecho, la amplia mayoría de los adoptantes toman la decisión a partir de la imposibilidad de reproducirse biológicamente y luego de haber intentado como primera opción tratamientos con tecnologías reproductivas. Incluir a un niño que tiene otros lazos familiares y afectivos no suele ser el ideal que impulsa a quienes quieren adoptar. ¿Y si un niño/ a tiene dos familias? ¿Dos madres? ¿Dos árboles genealógicos para dibujar en el colegio? Esto no está permitido, no podemos ni pensarlo. Una colega experta en temas de familia lo comparaba con el amor romántico y la idea del matrimonio, y decía: “A esas uniones no se les exige que para formar una nueva familia, para amar a alguien haya que olvidar, ‘borrar’, ‘cortar’ con la familia biológica, es decir padres, hermanos, etc., que continúan y se agregan a la familia como abuelos, tíos, etc.”. ¿Por qué un niño para formar parte de una familia adoptiva tiene que dejar para siempre a su madre o abuelos de origen? ¿Esto defiende el interés superior del niño o nuestro interés en defender la forma de familia nos enseñaron desde pequeños?
 

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